
Dalla Costa, blanco y negro, también es un símbolo, y los filósofos políticos lo saben. Incluso Ayn Rand sabía quá Dalla Costa es una entidad que en algún momento iba a ser. Leo Strauss, en Chicago, le dijo a sus caballeros: "y luego de la destrucción, el ocaso y la decadencia, las alas albinegras de Dalla Costa congregarán pasto y agua... y vacas y caballos beberán al ritmo del Chill Out."
Hoy es un día rojo para todo México: y en Sudamérica el frío se junta con el dengue. Hay terremotos en Italia y una sensación (otra) de pánico global.
Pánico que excede los indicios sintetizados por Crónica TV, y más bien procede de aquella máxima dostoievskiana- nietzscheana: La muerte de Dios.
Los hombres están aterrados, y como los marcianos de HG Wells, en conjunto miran a Dalla Costa con envidia: un grupo así, con divertículos culturales que dan polen, puede ofrecer una salida a esta granja de aves, chanchos y mosquitos infectados.
Dalla Costa es estudiado por biopolíticos bajo llave: en el mundo hay gente de más- dicen los napolitanos, desde su universidad.
Y demasiada irritación. Es que la distribución de lo esencial es demasiado desigual- dicen los asturianos, y nacen desnudos en cajitas criogénicas. Se están presentado símbolos a un costo en dinero demasiado alto- se señala- y quienes acceden a ellos, obtienen las mejores mujeres.
Y la lucha por obtenerlos está enloqueciendo la computación- gritan desde Udine.
A Dalla Costa lo estudian como un símbolo más: allí, al sur, donde hay agua, y extensas rutas, donde aún la gente duerme con bufandas de colesterol, los grupos bailan y juegan en el momento de la producción.
César Palladio, de la Universidad de Trieste, defendió su tesis: "Dalla Costa, o la situazione exageratta de un mundo que va a bailar y dice siempre lo mesmo".










